El Fenómeno Tumoral

EL FENÓMENO TUMORAL

INTRODUCCION

 

Para hablar del fenómeno tumoral me tengo que remontar forzosamente a 1957 cuando los hermanos fuimos enterados de que mi mamá tenía “cáncer Cervico uterino” y soportar toda la inercia que el fenómeno conlleva. Mi papá Médico Cirujano de profesión, se derrumbó moralmente cuando entendió que con todos sus recursos médicos no podía ofrecer nada para la curación del proceso, supuestamente tumoral y maligno, de su esposa y, como sucede en estos casos, toda la familia sufrió las consecuencias económicas, sociales y morales que implica la enfermedad, pero sobre todo, nuestra paciente que tuvo que soportar durante medio año, los estudios, la cirugía, la quimioterapia, la radioterapia, la yatrogenia medicamentosa, los internamientos y la soledad que se impone; además de la frustración y la desesperanza y quizá hasta la disminución de la fe cuando se constata que, que a pesar de todos los esfuerzos, el organismo no se cura y día con día se debilita más y más, hasta entender que el proceso es incurable y de que los médicos solo aumentan la existencia -no la vida- y de que, finalmente, sobreviene la muerte, aunque por desgracia, en condiciones poco humanas para el paciente y para la familia, y tal fue nuestra experiencia que nos obligó a llevarnos a la casa a nuestra madre y esperar un mes para que muriera, pero siempre en mejores condiciones que en el hospital.

 

La otra fecha importante fue en 1970, cuando el Dr. Campillo Sáenz, ex-secretario de Salubridad y Asistencia, propuso al Ejecutivo de la Nación y consiguió, cerrar todos los hospitales que se dedicaban al tratamiento y al cuidado de los enfermos pulmonares y en especial cerró el Instituto Nacional de Neumología y lo convirtió en Hospital General pensando en que era lo mismo la Neumología que la Tisiología; solo que su remodelación duró siete largos años que nos obligaron a trabajar en condiciones prácticamente de desastre; ya que se nos quitó personal, equipo y espacio, sin embargo continuó la consulta externa, los laboratorios de análisis clínicos, laboratorios de análisis especiales y radiológicos, una parte de los quirófanos, bioestadística, cocina y por

supuesto “Medicina Física”; pero se tiró a la basura todo el equipo, y sobre y todo, disciplina y moral, y digo que es importante para mi propósito esta fecha porque me atreví a practicar otras alternativas médicas como la acupuntura tradicional china, que me permitió entender que existen otras modalidades terapéuticas mal entendidas y hasta a veces ignoradas, pero que bien aplicadas son tan efectivas como la alopatía o la homeopatía. Por aquellos días se implementó un Programa Nacional de Salud que nunca funcionó porque nunca pudimos estar de acuerdo los que la conformamos y todo un sexenio se nos pasó en proyectar una posible coordinación de todos los Institutos de Salud del área sur de la Ciudad de México; sin embargo, ello permitió que las instituciones de salud enviasen sus pacientes a mi Departamento de Medicina Física y Rehabilitación para completar sus programas terapéuticos y, eso me permitió tratar pacientes con todo tipo de patologías y específicamente con tumores o secuelas de tumores, con la indicación de tratar el dolor y las secuelas músculo esqueléticas que dejaba la cirugía, la quimioterapia y la yatrogenia médica.

 

En 1983 salí del hospital y me dediqué al consultorio particular y hasta me hice cargo de un sanatorio particular, en donde se practicaba medicina general y cirugía en pacientes niños y adultos, sin embargo, los problemas tumorales eran derivados a instituciones de tercer nivel para su atención.

 

En 1988 acudí al curso sobre bioenergética que me permitio entender el fenómeno vibracional y en ese mismo año descubrir el par biomagnético; como código patógeno -veáse el par biomagnético de las enfermedades regulares provocadas por virus o bacterias y de iniciar el entendimiento formal de enfermedades complejas como la diabetes, la psoriasis, la gangrena, el reumatismo articular, la artritis y, por supuesto, los falsos casos de estas enfermedades, ya que desde el punto de vista sintomático puede confundirse una patología compleja con una falsa manifestación de la misma patología, pero desde el punto de vista etiológico no es posible la confusión cada vez que se detecta la enfermedad en su etiología no es una manifestación clínica y debido a ello fue que encontramos en 1993 que el 99% de los casos de diabetes son falsos positivos y que el 80% de los casos de artritis reumatoide, son falsos positivos y que el 70% de los casos de SIDA, son falsos positivos; entre otras patologías que nos fueron dando pauta y el carácter para abordar el fenómeno tumoral a partir de 1990. En ese año, dimos a conocer públicamente el falso positivo de SIDA, que nos vino a explicar ampliamente la frustración de todo el mundo médico actual para curar una patología por un simple virus tan agresivo y a la vez tan débil, como puede ser el del catarro común o el del Ébola -véase EL SIDA ES CURABLE-

 

En 1990 inicié el estudio formal del proceso tumoral que culmina en 1996 con el entendimiento del verdadero cáncer y de formas “falsas”, ya que no obedecen a la misma etiología, como sucede con la diabetes, la psoriasis, el reumatismo y por supuesto el SIDA.

 

Como ya es costumbre, en 1995 fui requerido por un director general de una institución quien había dicho -Si el procedimiento del Dr. Goiz cura uno de cada cien pacientes, vale la pena investigarlo.

Cuando acudí a la institución fuí recibido por todo el grupo de Jefes de Servicio y cuando entró a la sala de juntas el Director, todos callaron. ¡No te metas con cáncer porque ni Jesucristo lo curó!  – que opinen mis jefes de servicio.

 

-Señor Director, no vengo a una inquisición; creí que era una invitación. Me estoy metiendo con pacientes de cáncer que su Institución vomita cuando todos sus recursos fallan y el paciente se ve abandonado y busca en ese momento alternativas que lo curen, o por lo menos, que hagan menos infame su existencia; no acepto críticas y ni siquiera comentarios de sus jefes de servicio, porque yo también lo fuí en el Hospital General “Dr. Manuel Gea González” antes de que esta noble Institución existiera, me retiro, pero que quede en sus mentes que el verdadero cáncer está ligado a la bacteria Mycobacterium leprae y que más del 50% de los diagnósticos “cáncer” son falsos positivos y que ambos, el verdadero y el falso cáncer son curables cuando se les entiende y atiende en su etiología y en su oportunidad; no en sus manifestaciones tumorales o degenerativas e incontroladas, peor aún: -desquiciadas por la y atrogenia médico quirúrgica-.

Llamo fenómeno tumoral a esta comunicación porque entendiendo la formación del tumor podemos entender al verdadero cáncer; y más importante aún a los falsos cánceres que han sido mal interpretados en razón del estudio histológico que al igual que el concepto alopático y homeopático, se dejan llevar por el síntoma y no por la etiología del cuadro, de tal suerte que cuando el crecimiento del núcleo y de la misma célula se salen de los parámetros de la normalidad, se da por hecho que se trata de una neoplasia, sin tomar en cuenta el código genético que se presume esta ya alterado y sin tomar en cuenta la etiología de dicha alteración celular, pero así como cinco accidente vasculares cerebrales (trombosis, embolia, hemorragia, espasmo, edema) dan la misma sintomatología muscular (hemiplejía espástica); también cinco diferentes asociaciones de microorganismos pueden dar la misma imagen distorsionada del núcleo y del citoplasma celular que en función de la deformación dan al patólogo la pauta para el diagnóstico citológico del cáncer confundidos con falsos cánceres, toda vez que no se discute; vamos ni siquiera se cuestiona el reporte citopatológico.

 

Existen manifestaciones neoplásicas en donde las células son normales tal es el caso de la leucemia y solamente se incrementa la proporción en el tejido sanguíneo; y sin embargo, los médicos aceptan el fenómeno como “cáncer” cuando se trata en realidad de una displasia sanguínea.

 

Otro caso concreto es el de los infiltrados a cavidades potenciale (piel, peritoneo, pericardio, periostio, pleura y cavidades articulares), en especial la ascitis que con el tiempo por razones obvias y aparecen células atípicas y hasta posibles metástasis; pero no hay tumor, y sin embargo lo aceptan como cáncer, si el patólogo lo dicta; ¡O sea que puede haber cáncer sin tumor y sin degeneración celular! de acuerdo al concepto alopático.

 

En el prefacio de la 2da. edición del libro “PATOLOGÍA ESTRUCTURAL Y FUNCIONAL” se concluye que “El estudio de la patología es el estudio de la medicina clínica desde el punto de vista de los trastornos de la función y la estructura” y este concepto material de la enfermedad y de la medicina es el que ha impedido llegar al origen de la patología o disfunción orgánica en forma sencilla cuanto específica y en cada paciente que es atendido: sin tanto alarde técnico y sin tanto costo económico, sino en el mismo consultorio y en mismo espacio de tiempo, de costo y de eficiencia, que gracias al descubrimiento del Par Biomagnético, hemos conseguido; al entender que las enfermedades están soportadas por distorsiones fundamentales del pH de dos órganos específicos, para cada patología común.

 

También se afirma que las fronteras clínicas se tornan cada día más vagas y con este cambio, las fronteras de las patologías se han ampliado mucho, pero: ¿La patología puede ampliarse?, ¿O es el entendimiento de la patología lo que en realidad puede ampliarse?, porque si la patología es la que sufre estas deformaciones, tenderemos que cambiar nuestros conceptos básicos y nuestros fundamentos teóricos y tal vez hasta éticos para entenderlos, pero si lo que ha estado restringido es el conocimiento y entendimiento cabal de la patología, solo basta enfocarlas desde otro punto de vista y tal vez es lo que consiga el Biomagnetismo Médico que la explica desde el punto de vista energético, ya no anatómico, fisiológico, bioquímico o biológico, sino estrictamente energético aún cuando al explicarnos la patología desde este punto de vista, se justifique toda la manifestación anatómica, fisiológica, bioquímica o biológica y quizá hasta psicológica, sociológica y sofrológica de la enfermedad.

 

Esta comunicación no pretende ser una más en relación a la descripción anatómica o patológica del tumor, puesto que ya existen numerosas obras que lo acreditan, sino el enfoque teórico y práctico, soportado por cuarenta años de ejercicio profesional.

 

-primero como tecnólogo, luego como licenciado y finalmente como doctor-, desde la óptica del Biomagnetismo médico y de la bioenergética que me han permitido “remontar el torrente etiopatogénico y llegar a dónde, cómo y por qué se genera un tumor, y ahí -en la etiología- estudiarlo, clasificarlo y tratarlo con todos los medios curativos a nuestro alcance en oposición al concepto ortodoxo de la alopatía que a la fecha lo trata en fases avanzadas y a veces hasta finales de su manifestación clínica, porque el tumor es una manifestación tardía de la enfermedad, pero no es la enfermedad, y el acto supremo de arrancar un tejido o un órgano y hasta el mismo trasplante, no son más que recursos heróicos que nos deberían avergonzar toda vez que no son procedimientos curativos y menos aún preventivos de la enfermedad; al igual que las drogas – todas ellas en fase de experimentación clínica-, porque ninguna de ellas es curativa y todas son altamente tóxicas, al igual que la quimioterapia y la radioterapia, que pretenden lisar o ionizar células enfermas pero que, en igual forma lisan o ionizan células sanas -el fin justifica los medios-, pero en cuestión de salud y por lo mismo de la medicina, la primera recomendación ética es “no hacer daño” y las drogas medicamentosas contra el “cáncer”: la cirugía, la quimioterapia y la radioterapia son altamente yatrogenicas y tóxicas, porque al desconocer la etiología estamos tratando las manifestaciones tumorales y por lo mismo tardías o incurables del fenómeno patógeno; es decir, que en este caso, el fin justifica los “medios”, a los médicos “medios” ignorantes del proceso etiológico tumoral que en su afán de justificar su metodología terapéutica y su comportamiento, a veces hasta pedante -me refiero a los oncólogos- argumentando que ya curan algunos cánceres con la amputación del tumor o del órgano que lo soporta y con la aplicación de drogas, aún cuando el tumor o el cáncer recidiven, argumentando que se debe al hecho de haber dejado células cancerosas, cuando en verdad ni siquiera tengan una hipótesis creíble de la etiología tumoral y específicamente del cáncer, que les permita justificar su técnica terapéutica y su fracaso teórico, sino que su misma presencia como especialistas. Sin embargo, los que ahora practicamos la medicina Biomagnética y Bioenergética -sin ser especialistas-, y teniendo como elemento de diagnóstico “EL PAR BIOMAGNETICO”: y como elemento curativo la inducción biomagnética específica, podemos entender la etiología, la fisiopatología, la clasificación etiológica y la curación del fenómeno tumoral -he inclusive la prevención- en tiempos críticos y con costos mínimos antes de llegar al estadio irreversible de la degeneración del órgano u organismo que soporta la neoplasia benigna o maligna, porque a final de cuentas lo que importa es la curación del paciente y el principio filosófico, “médico es el que cura”. Este trabajo está soportado por más de 10,000 casos de enfermos con tumoraciones que ya han sido curados, aún cuando muchos de ellos han sido desahuciados por instituciones o profesionales especializados en su manejo, porque desgraciadamente el cáncer al igual que el SIDA y otras enfermedades crónico degenerativas, no son curables y se miden en sus resultados finales por mortalidad, no por curabilidad, aún cuando los programas sanitarios les dediquen soportes económicos exagerados y los investigadores persistan en sus conceptos ortodoxamente equivocados al insistir tanto en la investigación de laboratorio como clínica en razón de los síntomas y de las alteraciones anatómicas, fisiológicas, químicas, bioquímicas y biológicas -y hasta psicológicas-, en vez de su verdadera etiología viral o bacteriana.

 

Sea esta comunicación un homenaje a mi madre, en primer lugar, ya que ella murió de “cáncer cervico-uterino” después de un sufrimiento atroz, pero sea también para los pacientes que han permitido que los trate, especialmente aquellos que desahuciados por sus médicos confiaron en mis capacidades; al principio no para curarlos, solo para mejorar su calidad de vida, previa a su muerte y por supuesto a todos los pacientes -más de 100,000 por clínica y por laboratorio, se han curado últimamente con Biomagnetismo Médico de fenómenos tumorales como infiltrados, exudados, quistes, tumores benignos, tumores malignos, metástasis, necrosis, para tratar de entender en verdad lo que en realidad es el verdadero cáncer y sus falsas manifestaciones, -ya que estas superan a las primeras- y son confundidas ambas y los médicos también están confundidos, aún cuando por supuesto no lo aceptan.

 

 

JUSTIFICACIÓN

Una sola consideración justificaría esta modesta comunicación “la incapacidad de la medicina alopática y homeopática para entender y por lo mismo curar estas patologías. Aún hoy día, el cáncer es la principal causa de muerte, por enfermedad”.

El descubrimiento del fenómeno tumor es siempre tardío y las pruebas serológicas de antígenos específicos no son de confianza, así como la citología exfoliativa y aún la biopsia; por ello, los pacientes son atendidos cuando la sintomatología es evidente, los estudios generalmente son tardados, además de caros y exclusivos de ciertos grupos sociales o de ciertos procesos “tumorales”, o mejor dicho, de ciertas patologías sugestivas de cáncer y de ciertos médicos que se adjudican el calificativo de especialistas, aún cuando no curas las enfermedades tumorales.

Tal es el caso del cáncer cervico uterino, que supuestamente es la primera causa de mortalidad femenina y que ha motivado a las autoridades sanitarias para implementar programas de detección temprana por medio del Papanicolaou en forma periódica -cada seis meses- y a nivel masivo, pero ¿El grupo indígena goza de estos beneficios? ¿Es confiable el estudio? ¿Es seguro el procedimiento que invade la cavidad uterina?

Clínicamente el cáncer cervico uterino cursa con hemorragias incontroladas, con edema, exudado vaginal, mal olor vaginal, dolor de vientre bajo, malestar general, anemia y otros síntomas inespecíficos, pero generalmente no hay evidencia de tumor, sólo la prueba de Papanicolaou positiva y ocasionalmente la presencia de antígenos también positiva y con esas bases se ordena y practica la histerectomía radical. Ocasionalmente se constata la presencia de tumores en el útero, pero generalmente son miomas -no malignos- o imágenes sugestivas de tumor que pueden ser abscesos y en ocasiones hasta coágulos sanguíneos.

Después de analizar cientos de casos con este tipo de **cancer” he podido constatar que se trata de asociaciones bacterianas de la pelvis o de otros órganos que potencializados, se manifiestan en todo su esplendor en la región cervico-uterina, y estas bacterias son Chlamydia trachomatis, Yaersinia pestis, Pseudomona aeruginosa, Enterobacter cloacae; asociadas a hongos patógenos, a Papiloma virus, Parvo virus, Corona virus y hasta parásitos como la Shigella o la Leishmania y las Tricomonas; y en tanto existan más asociados, más severa será microorganismos patógenos la manifestación patógena. Lo grave, lo incongruentes, lo maligno del fenómeno cáncer cérvico uterino es que habiendo extirpado el útero y sus anexos, dejamos a todas las bacterias, virus, hongos o parásitos patógenos -porque no los identificamos-, y el fenómeno tiende a establecerse en otro órgano de la cavidad pélvica abdominal porque en general, el médico se engolosina con el fenómeno tumor y lo trata con cirugía, drogas, quimioterapia o radioterapia, pero ignorando su etiología, obviamente porque la desconoce y porque no tiene elementos de diagnóstico que le permitan entender y atender su etiología, “sólo su manifestación clínica o radiológica, avalada por estudios citológicos o clínicos”, justifica su actividad supuestamente curativa.

Gracias al descubrimiento de “El Par Biomagnético”, que realicé en 1988, empecé a entender los fenómenos tumorales en razón de que los pacientes con estas patologías presentan siempre procesos infecciosos complejos que no son detectados y que por lo mismo, no son entendidos y atendidos junto con el fenómeno tumoral.

 

El mismo síntoma, dolor característico de estas enfermedades, nos debe hacer reflexionar sobre su etiología, ya que en forma simplista, el médico lo trata en forma medicamentosa con analgésicos que cada vez son menos efectivos hasta llegar al uso indiscriminado de drogas restringidas como la morfina o a verdaderas atrocidades médicas como la infiltración, los bloqueos o hasta las cordiotomías, ignorando e ignorantes de que el dolor agudo, incontrolado y crónico, se debe a la presencia de substancias tóxicas, específicamente ribosomas, enzimas y/o toxinas” que se producen, ya sea por el metabolismo celular bacteriano o por su lisis, después de sus periodos naturales de vidas medias en el caso del tumor: aceleradas.

Gracias a los conceptos Biomagnéticos y Bioenergéticos, ahora entiendo que el proceso tumoral exige de un microorganismo que ablande la membrana celular, de otro elemento que altere el citoplasma en su pH y demás elementos naturales, y de virus estructurales de ARN que desquicien el comportamiento del núcleo De otro elemento celular y por lo mismo los códigos genéticos. que le de ubicación al fenómeno y finalmente de otro que le de características de malignidad; pero en todos los casos de cáncer, deben conjuntarse estos elementos para certificar la neoplasia maligna; de tal forma, que cuando no existe alguno de ellos – principalmente el que condiciona la malignidad-, me atrevo a clasificarlo como “falso cáncer aún cuando la citología, la clínica, la radiología o el antígeno específico lo describa como verdadero cáncer.

Independientemente de la morbilidad, de la mortalidad, del impacto económico, social, laboral y hasta cultural que el fenómeno tumoral conlleva, el solo hecho de que hasta la fecha no exista una explicación lógica y por lo mismo una curación práctica de estos pacientes, justifica que se aborden sus patologías desde otro punto de vista, máxime cuando se soporta el procedimiento con más de 10 mil pacientes curados de diferentes manifestaciones tumorales y de diferentes estados de la enfermedad, incluyendo casos de pacientes desahuciados por médicos especialistas o por instituciones de tercer nivel de atención, incluyendo al Instituto Nacional de Cancerología.

Se justifica esta comunicación porque a partir de que empecé a entender el origen, el tiempo y la forma en que inicia un fenómeno tumoral, he podido curar todo tipo de cánceres y solamente el de mama me estaba dando un gran quehacer, hasta entender que se trataba de una glándula de secreción externa y que se comporta en forma autónoma; que las bífido bacterias y en general los probióticos que genera en forma natural, también son la base para el desarrollo tumoral, toda vez que los parásitos que cómodamente se instalan, se nutren de ellos; y que la mama, al iniciarse el fenómeno tumoral, se excita e inicia la producción láctea y hormonal en forma parcial pero suficiente para el desarrollo bacteriano, viral, micótico y parasitario.

Se justifica esta comunicación porque todos los que hemos tenido una experiencia familiar de cáncer, sabemos que ante la incapacidad para detener, menos aún para curar; o por lo menos explicarnos el fenómeno tumoral, recurrimos a todo tipo de drogas o amuletos o imágenes de nuestra devoción y así, usamos el agua de santuarios, el agua de Tlacote, la uña de gato, la víbora de cascabel, las plantas medicinales, la irinoterapia, los remedios caseros, las dietas naturistas y todo tipo de remedios que nos recomiendan sin éxito alguno y muchas de las veces aumentando o excitando más la neoplasia; y todo ello en contra de la metodología ortodoxa, pero, si la tecnología con que ahora contamos no es eficiente para curar, se justifica el empleo de todos estos métodos porque a fin de cuentas los dos sistemas son ineficientes, en cambio el Biomagnetismo Médico, al entenderlo y atenderlo en su etiología, lo cura.

La cirugía como medio de tratamiento del cáncer por lo mismo no curativo- es la antítesis y la vergüenza de la medicina actual, que con toda su supuesta capacidad se atreve a arrancar un tumor antes de curarlo y se ufana de extirpar un órgano justificando su acto porque se trata de neoplasias o tumores que no se entienden en su formación y que no pueden curar, pero que aún extirpado el órgano o el tumor predispone al organismo para nuevas malformaciones toda vez que la neoplasia es el resultado de un proceso desconocido; porque el tumor en si no es la enfermedad, solo su manifestación clínica. Sin embargo, el cirujano generalmente obedece las indicaciones del oncólogo.

Después de tantos años de practicarse el Papanicolaou como prueba citológica de cáncer y de justificar, más que por la clínica, la extirpación de úteros, se nos informa que la prueba “no tiene valor probatorio de cáncer”, apenas es un elemento sugestivo que hora debemos completar con el estudio del antígeno específico; pero tampoco el antígeno es comprobatorio de cáncer ya que he tenido numerosos pacientes con antígenos altos sin tumor y pacientes con tumor sin presencia de antígeno, y sin embargo, ¿cuántos úteros se han extirpado en mujeres?, hasta llegar al exagerado concepto quirúrgico de aceptar que “el útero sólo sirve para dar hijos y para dar problemas” y de engendrar “doctores” antes que médicos, porque a fin de cuentas: -“médico es el que cura”.

Los otros dos elementos utilizados para el tratamiento del Cáncer: Radioterapia y quimioterapia prefiero explicarlos en su oportunidad al hablar de tratamiento ortodoxo del cáncer, porque es tanta su mal interpretada efectividad que no solo ayuda a mejorar el proceso tumoral, sino que lo aumenta; más aún desquicia el sistema inmune y prepara al paciente para una incontrolada actividad tumoral y para una muerte no sólo más violenta sino más infame; las supuestas curaciones reportadas, son de “falsos cánceres”.

En fin, que la vergüenza que me impone la actitud asumida por la medicina alopática altamente yatrogénica en estos casos de neoplasias o cánceres específicamente, me obligan a escribir y justificar plenamente esta comunicación ya que tanto la alopatía como la homeopatía se han engolosinado en el síntoma antes que en la causa y los describen y tratan en forma sintomática; hasta llegar al extremo de describir en un libro de 1,600 páginas toda la gama de tumores que se pueden dar en el organismo humano, pero sólo para aceptar que en la actualidad el diagnóstico es totalmente tardío clínicamente y “a ojo de buen cubero”. Y el mismo libro se atreve a decir: “todos los cirujanos han tenido la penosa experiencia de que un citólogo clasifica al tumor como maligno, pero otro, al mismo tumor como incierto o en etapa límite y un tercero de benigno”.

Finalmente sigue cobrando importancia lo que dijo un médico especializado, clínico y alopata del Instituto Nacional de Cardiología hace ya 30 años: -“en relación a las enfermedades tumorales y crónico degenerativas, estamos trabajando apenas en la desembocadura del torrente etiopatogénico”, y esta comunicación pretende remontar el cauce del torrente etipatológico y llevarnos al origen del proceso morboso y …., lo ha conseguido, porque de acuerdo a la lógica y a la logística médica, las enfermedades pueden estudiarse en tres etapas principalmente:

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